Si llorando
buscas el alivio a tus penas, la carga emocional no te dejará ver más allá de
ellas.
Llora hasta
que el corazón se calme, las lágrimas se agoten y sólo entonces podrás ver con
claridad.
Luego, si
honestamente quieres saber la razón de tu dolor, lo primero que debes hacer es
mirar dentro de tí: ¿Te han causado en verdad daño? ¿Qué provocó que aquello te
afectara? ¿Era inevitable? ¿aunque duela, no es mejor que haya sucedido?
La letra de
una canción que cantaba Carlos Gardel (muchos lo han oído nombrar) decía así
(parafraseada): “escuchen la muchacha,
llora porque su hombre murió, y ella se ha quedado sola como oveja sin madre”
Y este es
el asunto que debes definir, ¿lloras por ti, o sientes el dolor de la otra
persona y lloras por ella?
Son dos
cosas bien diferentes.
Si lloras
por alguien más, o porque has sido objeto de una injusticia, porque la maldad
te ha arrinconado y castigado, porque has sido producto del escarnio, de la
burla, de la exposición en público de algo que considerabas sólo tuyo, debes
saber que Dios está al tanto de tus lágrimas, y que ninguna de ellas ha pasado
desapercibida para el Gran Hacedor del Universo.
Considera
este pasaje: “Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro.
¿Acaso no lo tienes anotado?” o en otra versión: “Tú has visto mi sufrimiento, has
recogido mis lágrimas. ¿Acaso no tienes todo eso registrado en tu libro? Salmo
56:8
Es
reconfortante, Dios guarda tus lágrimas, y en el libro donde anota cada uno de
los hechos de nuestra vida, está registrado nuestro dolor.
Ahora,
existe la otra posibilidad: que tú seas quien ha provocado el daño y que se haya
vuelto en contra de ti. Muchas veces malas decisiones traen aparejado dolor. Lo
que hoy lloramos se podría haber evitado si no hubiéramos tomado la senda
equivocada. Si eres lo suficientemente valiente para enfrentar el error, tu
sanación no tardará. Si sigues negando el hecho, volverás a sufrir una y otra
vez, hasta que rectifiques tu comportamiento y madures en tus decisiones.
Entonces
tus lágrimas serán cambiadas por alegría.
Dice el
salmista: “Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la
lluvia llena los estanques” Salmo 84:6;
Y “Pues tú
has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar”
Salmo 116:8.
También “Los
que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” Salmo 126:5
El
mismísimo Dios hecho hombre lloró: “Y Cristo, en los días de su carne,
ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar
de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” Hebreos 5:7
Jesús dijo:
“No teman, yo he vencido, ustedes también pueden hacerlo”. El Hijo de Dios fue
tentado en todo, probado en todo, esto nos da la seguridad que Dios conoce
nuestro sufrimiento y nuestras lágrimas.
Resumiendo:
Dios conoce tu dolor, sea que tú mismo lo hayas causado, o sea provocado por
otras circunstancias. Si te vuelves al Creador pidiendo que clarifique tu
mente, y no dejes que tu propio corazón te engañe, recibirás la ayuda que
necesitas.
-¿Cómo sé
que Dios me contesta, que sabe lo que me está pasando?
-Excelente
pregunta.
Cuando
estés en paz, no importa las amenazas, lo que sucede a tu alrededor, las malas
noticias, en ese instante sabrás que has hecho lo correcto.
Nuestro
sitio de Internet en construcción: Clínicas
Gayo©, parte de nuestro ministerio
www.iglesiaheroesdelafe.org tiene
muchas respuestas para este tipo de afecciones al corazón.
Recuerda la
bendición de Dios en este pasaje, la misma está sujeta a como tu ser interior
prospera:
“El anciano
saluda al querido Gayo, a quien ama en verdad. Querido hermano, pido a Dios
que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena
salud” 1 Juan 1:1-2
Acróstico GAYO
Gozo
Amor
Y
Obediencia
Te saluda
Tu Hermano en Cristo
Roosevelt Jackson Altez

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