Si escribes
dieta en el buscador Google, te aparecen doce millones y medio de resultados en
–asombroso- 0.26 segundos. Si lo escribes en inglés la cifra asciende a veinte
millones y se tarda 0.31 segundos en aparecer.
Aparentemente,
el deseo de mantenerse o ponerse en forma, genera grandes ganancias a los que
viven y reditúan del mercado de consumo.
El objetivo
de una dieta es, claro está, perder peso, ya sea para sentirte mejor, para
bajar el colesterol o para corregir la silueta. Casi todas las prescripciones
reducen la cantidad de comidas diarias, además de ser selectivas en los
ingredientes.
Los
oferentes más exitosos anuncian que lograrás tus objetivos con un esfuerzo
mínimo, lo que, como todos sabemos, no es verdad.
El
resultado, en todos los órdenes, es directamente proporcional al esfuerzo.
Y nadie te
preguntará por qué engordaste, no es ético ni buena propaganda para el negocio.
O sea,
no llegan a
la raíz del problema.
Nosotros
tampoco te lo vamos a preguntar, ¿para qué? Tú ya lo sabes.
Te vamos a
pedir que lo tengas presente mientras continúas leyendo.
Y nuestra
receta no sólo te servirá para adelgazar
el cuerpo. Puedes tener un exceso de peso en tu corazón, en tu alma. Y es
posible que eso provoque que comas de más o que vivas apenada o apenado. Puede
que no hayas perdonado a alguien y cada día alimentes tu rencor, que engordes
de ira en segundos y que trastorne todo tu cuerpo y tu mente.
La receta
divina para bajar de peso, espiritual y corporal, tiene que ver con la llenura
de tu alma.
Dice el escritor
en 1 Juan 1-2:
“El anciano
saluda al querido Gayo, a quien ama en verdad. Querido hermano, pido a Dios
que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena
salud”
Hay una
íntima relación entre lo que comes espiritualmente y tus hábitos degustativos
corporales. El cuerpo es afectado en todo momento por nuestras reacciones
anímicas, por lo que vemos, por lo que sentimos.
La buena
salud se va a presentar cuando cambies, o mejores tus hábitos alimentarios
espirituales.
Por ejemplo:
si estás casado o casada, de novia o novio, sabrás que los problemas en la
relación son inevitables, mayores en algunos, en otros menores.
Y tu
reacción a esos disgustos depende en gran medida de tu contenido interior.
Si ves
novelas donde la novia se desquita, donde el novio se va con otra porque su
enamorada lo despreció, y sumado a eso los consejos de tus amistades son de ese
tenor, es muy probables que tus decisiones se alineen con la información
recibida.
O si este o
aquel personaje de ficción busca venganza, y además en los noticiarios aparece:
“se hizo justicia” porque un condenado a muerte fue ejecutado u otro individuo
en alguna parte del mundo fue linchado por la multitud, tu concepto de justicia
se va a identificar con esos sucedidos.
Esto es empacho
espiritual. Y no vas a encontrar quien “te tire el cuerito” para mejorarte.
Dios nos
dice que la venganza es suya. Y la intención del Creador es liberarnos de
cometer errores y de almacenar rencor en nuestro corazón.
Jesús dice:
“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo
estará lleno de luz; pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y
si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán oscura no será la misma oscuridad!”
Mateo 6:22-23
¿Qué hay en
tu interior? ¿Luz u oscuridad?
La mejor
dieta es no llenarse de malas noticias, no mirar las cosas que no edifican, ni
escuchar a los que hablan con rencor; los que todos los días te preguntan ¿cómo
estás? para alegrarse de tus sinsabores no son buenos amigos.
Cuídate de
los consejos de los amargados.
Comienza tu
dieta cuanto antes.
Y lee los
evangelios para empezar, es excelente comida.
Cinco
versículos por día como mínimo, pero si te gusta DELEITATE. ¡No engorda!
(Esta
lectura es parte del libro: Clínicas GAYO, a ser publicado próximamente)
Nuestro
sitio de Internet en construcción:
Clínicas Gayo©, parte de nuestro Ministerio
http://iglesiaheroesdelafe.org/
tiene muchas respuestas para este tipo de afecciones al corazón.
Acróstico
GAYO
Gozo
Amor
Y
Obediencia
Te saluda
Tu Hermano
en Cristo
Roosevelt
Jackson Altez

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