martes, 18 de febrero de 2014

Dietas


Si escribes dieta en el buscador Google, te aparecen doce millones y medio de resultados en –asombroso- 0.26 segundos. Si lo escribes en inglés la cifra asciende a veinte millones y se tarda 0.31 segundos en aparecer.

Aparentemente, el deseo de mantenerse o ponerse en forma, genera grandes ganancias a los que viven y reditúan del mercado de consumo.

El objetivo de una dieta es, claro está, perder peso, ya sea para sentirte mejor, para bajar el colesterol o para corregir la silueta. Casi todas las prescripciones reducen la cantidad de comidas diarias, además de ser selectivas en los ingredientes.

Los oferentes más exitosos anuncian que lograrás tus objetivos con un esfuerzo mínimo, lo que, como todos sabemos, no es verdad.

El resultado, en todos los órdenes, es directamente proporcional al esfuerzo.

Y nadie te preguntará por qué engordaste, no es ético ni buena propaganda para el negocio. O sea,
no llegan a la raíz del problema.

Nosotros tampoco te lo vamos a preguntar, ¿para qué? Tú ya lo sabes.

Te vamos a pedir que lo tengas presente mientras continúas leyendo.

Y nuestra receta  no sólo te servirá para adelgazar el cuerpo. Puedes tener un exceso de peso en tu corazón, en tu alma. Y es posible que eso provoque que comas de más o que vivas apenada o apenado. Puede que no hayas perdonado a alguien y cada día alimentes tu rencor, que engordes de ira en segundos y que trastorne todo tu cuerpo y tu mente.

La receta divina para bajar de peso, espiritual y corporal, tiene que ver con la llenura de tu alma.

Dice el escritor en 1 Juan 1-2:
“El anciano saluda al querido Gayo, a quien ama en verdad. Querido hermano, pido a Dios que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena salud”

Hay una íntima relación entre lo que comes espiritualmente y tus hábitos degustativos corporales. El cuerpo es afectado en todo momento por nuestras reacciones anímicas, por lo que vemos, por lo que sentimos.
La buena salud se va a presentar cuando cambies, o mejores tus hábitos alimentarios espirituales.
Por ejemplo: si estás casado o casada, de novia o novio, sabrás que los problemas en la relación son inevitables, mayores en algunos, en otros menores.

Y tu reacción a esos disgustos depende en gran medida de tu contenido interior.
Si ves novelas donde la novia se desquita, donde el novio se va con otra porque su enamorada lo despreció, y sumado a eso los consejos de tus amistades son de ese tenor, es muy probables que tus decisiones se alineen con la información recibida.
O si este o aquel personaje de ficción busca venganza, y además en los noticiarios aparece: “se hizo justicia” porque un condenado a muerte fue ejecutado u otro individuo en alguna parte del mundo fue linchado por la multitud, tu concepto de justicia se va a identificar con esos sucedidos.

Esto es empacho espiritual. Y no vas a encontrar quien “te tire el cuerito” para mejorarte.

Dios nos dice que la venganza es suya. Y la intención del Creador es liberarnos de cometer errores y de almacenar rencor en nuestro corazón.

Jesús dice: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán oscura no será la misma oscuridad!” Mateo 6:22-23

¿Qué hay en tu interior? ¿Luz u oscuridad?

La mejor dieta es no llenarse de malas noticias, no mirar las cosas que no edifican, ni escuchar a los que hablan con rencor; los que todos los días te preguntan ¿cómo estás? para alegrarse de tus sinsabores no son buenos amigos.

Cuídate de los consejos de los amargados.

Comienza tu dieta cuanto antes.

Y lee los evangelios para empezar, es excelente comida.

Cinco versículos por día como mínimo, pero si te gusta DELEITATE. ¡No engorda!

(Esta lectura es parte del libro: Clínicas GAYO, a ser publicado próximamente)

Nuestro sitio de Internet en construcción:  Clínicas Gayo©,  parte de nuestro Ministerio
http://iglesiaheroesdelafe.org/ tiene muchas respuestas para este tipo de afecciones al corazón.

Acróstico GAYO
Gozo
Amor
Y
Obediencia
Te saluda
Tu Hermano en Cristo


Roosevelt Jackson Altez

lunes, 17 de febrero de 2014

Lágrimas derramadas

Si llorando buscas el alivio a tus penas, la carga emocional no te dejará ver más allá de ellas.

Llora hasta que el corazón se calme, las lágrimas se agoten y sólo entonces podrás ver con claridad.

Luego, si honestamente quieres saber la razón de tu dolor, lo primero que debes hacer es mirar dentro de tí: ¿Te han causado en verdad daño? ¿Qué provocó que aquello te afectara? ¿Era inevitable? ¿aunque duela, no es mejor que haya sucedido?

La letra de una canción que cantaba Carlos Gardel (muchos lo han oído nombrar) decía así (parafraseada):  “escuchen la muchacha, llora porque su hombre murió, y ella se ha quedado sola como oveja sin madre”
Y este es el asunto que debes definir, ¿lloras por ti, o sientes el dolor de la otra persona y lloras por ella?

Son dos cosas bien diferentes.

Si lloras por alguien más, o porque has sido objeto de una injusticia, porque la maldad te ha arrinconado y castigado, porque has sido producto del escarnio, de la burla, de la exposición en público de algo que considerabas sólo tuyo, debes saber que Dios está al tanto de tus lágrimas, y que ninguna de ellas ha pasado desapercibida para el Gran Hacedor del Universo.

Considera este pasaje: “Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado?” o en otra versión: “Tú has visto mi sufrimiento, has recogido mis lágrimas. ¿Acaso no tienes todo eso registrado en tu libro? Salmo 56:8

Es reconfortante, Dios guarda tus lágrimas, y en el libro donde anota cada uno de los hechos de nuestra vida, está registrado nuestro dolor.

Ahora, existe la otra posibilidad: que tú seas quien ha provocado el daño y que se haya vuelto en contra de ti. Muchas veces malas decisiones traen aparejado dolor. Lo que hoy lloramos se podría haber evitado si no hubiéramos tomado la senda equivocada. Si eres lo suficientemente valiente para enfrentar el error, tu sanación no tardará. Si sigues negando el hecho, volverás a sufrir una y otra vez, hasta que rectifiques tu comportamiento y madures en tus decisiones.

Entonces tus lágrimas serán cambiadas por alegría.

Dice el salmista: “Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la lluvia llena los estanques” Salmo 84:6;
Y “Pues tú has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar” Salmo 116:8.
También “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” Salmo 126:5

El mismísimo Dios hecho hombre lloró: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” Hebreos 5:7

Jesús dijo: “No teman, yo he vencido, ustedes también pueden hacerlo”. El Hijo de Dios fue tentado en todo, probado en todo, esto nos da la seguridad que Dios conoce nuestro sufrimiento y nuestras lágrimas.

Resumiendo: Dios conoce tu dolor, sea que tú mismo lo hayas causado, o sea provocado por otras circunstancias. Si te vuelves al Creador pidiendo que clarifique tu mente, y no dejes que tu propio corazón te engañe, recibirás la ayuda que necesitas.

-¿Cómo sé que Dios me contesta, que sabe lo que me está pasando?

-Excelente pregunta.

Cuando estés en paz, no importa las amenazas, lo que sucede a tu alrededor, las malas noticias, en ese instante sabrás que has hecho lo correcto.

Nuestro sitio de Internet en construcción:  Clínicas Gayo©,  parte de nuestro ministerio 
www.iglesiaheroesdelafe.org tiene muchas respuestas para este tipo de afecciones al corazón.

Recuerda la bendición de Dios en este pasaje, la misma está sujeta a como tu ser interior prospera:

“El anciano saluda al querido Gayo, a quien ama en verdad. Querido hermano, pido a Dios que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena salud” 1 Juan 1:1-2

Acróstico GAYO
Gozo
Amor
Y
Obediencia

Te saluda
Tu Hermano en Cristo

Roosevelt Jackson Altez